Generalmente en el contexto de las ciencias y el emprendimiento siempre suele salir la conversación sobre el rol que tiene el Estado. Particularmente, cuando pensamos en el emprendimiento de alto potencial de crecimiento, se hace un tanto extraño el que a veces salga el argumento de que el Estado debería tener una mayor participación.

¿Por que los Estados deben financiar emprendimiento e innovación? ¿Acaso no es en el sector privado donde están los incentivos para que las firmas innoven? ¿Por qué tiene que estar el gobierno metido financiando iniciativas? ¿Ese apoyo a fin de cuentas nos sirve o termina siendo más un impedimento para innovar?

El paradigma convencional

En el caso Latinoamericano muchas veces se ocupa el argumento de que aquí no existe una cultura de capital de riesgo, que los grandes actores en las distintas industrias juegan en condiciones de poca competencia y ante eso no tienen incentivos para innovar. Este argumento se alinea con el paradigma tradicional en el cual el Estado únicamente interviene cuando existe algún tipo de falla de mercado. En resumen, la única razón que justifica una intervención de política pública tiene que ver con que existen problemas en el sector privado los cuales deben arreglarse mediante políticas que permitan alinear correctamente los incentivos1.

Bajo esta visión tenemos como corolario la reflexión de que los gobiernos intervienen de manera acotada y generalmente restringida en el tiempo; exceptuando casos más clásicos como la regulación de la libre competencia y los monopolios, se esperaría que el Estado termine eventualmente su intervención. De hecho, generalmente cuando se habla del rol de agencias como CORFO suele quedar el cuestionamiento de en qué momento los actores privados estarán lo suficientemente desarrollados como para poder dejar de depender de apoyo público.

Esta visión también asocia la intervención gubernamental a un potencial riesgo; al solucionar una falla de mercado puede ocurrir una falla de Estado, es decir, que los intereses del gobierno puedan estar capturados por algún grupo en particular o bien que la falla de mercado haya estado mal diagnosticada desde un inicio (En términos de políticas de emprendimiento e innovación también está el temor a las políticas asociadas a “picking the winners”).

La idea del Estado Emprendedor

Como contrapropuesta a este paradigma, la economista Mariana Mazzucato plantea que históricamente el Estado ha sido un participante activo en la generación de innovaciones disruptivas, ante lo cual su rol es mucho más protagónico y central que lo planteado en los paradigmas económicos convencionales.

Esta visión se acuña bajo el concepto de “Estado Emprendedor”. Particularmente los invito a leer directamente el trabajo de Mazzucato2 para poder adentrarse más en este paradigma o en su defecto ver su charla TED:

A modo de resumen simplificado, este paradigma tiene ciertas ideas centrales:

  1. El Estado tiene una capacidad para asumir riesgo mucho más alta que cualquier otro tipo de actor, por lo que suele ser el primero en apoyar las tecnologías realmente disruptivas
  2. Es muy difícil para un ente privado poder apropiarse de todo el valor generado a partir de una tecnología disruptiva, por lo que en realidad los incentivos naturales que tienen las firmas para innovar suelen ser menores de lo que se menciona en otros paradigmas
  3. Históricamente innovaciones como internet, los smartphones o los fármacos siempre van acompañados de inversión pública, lo que desafía la narrativa de que las grandes oleadas tecnológicas provienen exclusivamente del sector privado.

El Estado entonces deja de ser un mero regulador y pasa a ser un protagonista (e incluso un inversionista de riesgo). Bajo el paradigma del Estado Emprendedor la participación de los gobiernos en el emprendimiento e innovación es un componente esencial para poder mantener las economías competitivas.

¿Que tiene que ver esto con bioemprendimiento?

Como se darán cuenta en el título había un “bio” agregado al paradigma impulsado por Mazzucato. El bioemprendimiento en realidad no dista mucho dentro del paradigma del Estado Emprendedor en comparación a otros tipos de emprendimientos. Sin embargo, el bioemprendimiento se desarrolla en una suerte de interfaz público-privada, pasando desde investigaciones desarrolladas en el centro de los sistemas públicos esperando llegar a los mercados internacionales dominados por actores privados.

La invitación entonces es a reflexionar sobre si esta narrativa realmente tiene bordes definidos entre el mundo público y el privado como se suele esperar, o si bien el apoyo gubernamental es una parte integral del bioemprendimiento. Ante esto queda la pregunta sobre cómo uno como bioemprendedor puede retribuir para que este apoyo se mantenga e incluso pueda aumentar.

Estos distintos paradigmas se ajustan a las distintas visiones que tenemos en relación a cómo entendemos lo público y como nos planteamos el desarrollo del país; es fundamental entonces poder entender cual es el tipo de Estado que queremos y cómo podemos poner de nuestra parte para potenciar el emprendimiento e innovación en biotecnología en nuestros territorios.

  1. BID. (2014). ¿Cómo Repensar el Desarrollo Productivo?: Políticas e Instituciones Sólidas para la Transformación Económica. Rústica. 

  2. Mazzucato, M., & Penna, C. C. R. (2016). Beyond market failures: the market creating and shaping roles of state investment banks. Journal of Economic Policy Reform, 19(4), 305–326. doi:10.1080/17487870.2016.1216416