Emprendimiento e innovación son conceptos que ya de por sí pueden ser ambiguos y tienen muchas interpretaciones que son esencialmente contextuales, por lo que no es muy sorprendente que cualquier nombre asociado a estos conceptos se contagie con los mismos problemas de definición. Frente a eso quería ocupar este espacio para reflexionar sobre un término que solemos ver muy repetido a veces: emprendimiento tecnológico.

Al igual que con todas las otras definiciones parece bastante simple al inicio: Obviamente un Kiosko no es un emprendimiento tecnológico mientras que un startup biotecnológico si lo es; un restaurante no lo es mientras que un startup de big data sí lo es… ¿Los marketplace a estas altura siguen siendo emprendimientos tecnológicos? ¿Los alimentos saludables? A medida que empezamos a definir nos damos cuenta de que los bordes son difusos.

¿Cuales son los elementos que diferencian a un emprendimiento tecnológico de otros tipos de emprendimiento? ¿Que tiene de especial?

La propuesta de valor y el proceso

Si miramos emprendimientos como Eggless, Signore Mario y The Not Company únicamente en base a los productos que tienen en el mercado ahora (Not Milk, ¡te estamos esperando!) una definición burda podría considerarlos idénticos: son mayonesas vegetales. Sin embargo, sabemos que estos tres emprendimientos son muy diferentes, y que claramente si pensamos en emprendimiento tecnológico NotCo es el nombre que viene a la cabeza dentro de ese grupo.

Una manera de diferenciar un emprendimiento tecnológico es ver lo que plantea como su propuesta de valor, porque si ocupas el ejemplo anterior y revisas cada una de las páginas de los emprendimientos notarán que aunque sean productos que puedan parecer similares lo que tratan de venderte en términos de conceptos es totalmente distinto. Mientras que hay temas comunes de salud o sustentabilidad, en NotCo la tecnología es un actor protagónico que los define, no estas comprando solo una mayonesa estas comprando un proceso tecnológico que permitió que esta existiera, y que además abre la posibilidad a una gama enorme de nuevos productos sobre esta misma tecnología.

Uno puede diferenciar un emprendimiento tecnológico por cómo arman su propuesta de valor. Muchos emprendimientos usan tecnología, pero no todos la ocupan de la misma manera (CornerShop por ejemplo no te habla de lo eficiente que es su algoritmo o lo bien programado que está, te habla directamente de cómo cambia tu experiencia como consumidor).

El capital humano y la propiedad intelectual

Muchas veces los criterios más “objetivos” para hablar de emprendimientos tecnológicos son la composición de su equipo en términos de carreras y posgrados junto con si el emprendimiento posee o no alguna patente.

De hecho, anteriormente se usaba mas la definición de “Nueva Firma Basada en Tecnología” (NTBF, por su sigla en inglés) para describir a las empresas nacientes de muchos ecosistemas de innovación ya establecidos en Estados Unidos y Europa. Esta definición a veces ocupaba como piedra angular que el equipo fundador estuviese compuesto por doctorados de carreras STEM, además de también apoyarse en que muchas de las tecnologías estuviesen patentadas o hubiesen sido transferidas desde investigaciones universitarias.

Estos elementos suelen ser canónicamente los más ocupados para hablar de emprendimiento tecnológico, pero obviamente tienen el problema de ser bastante restrictivos, especialmente considerando que en el contexto latino muchas veces las invenciones suelen resguardarse bajo secretos industriales o los fundadores suelen ser investigadores recién salidos de pregrado.

Aunque sean un tanto simplistas, estos criterios son los que nos permiten hacer una definición fácil para clasificar emprendimientos tecnológicos, por lo que muchas veces son los que se suelen usar en universidades o instituciones gubernamentales.

Que nos dice la literatura

Como podrán esperar si captan el tono de esta columna, no existe un consenso en la literatura que nos diga exactamente que es un emprendimiento tecnológico, muchos de ellos mencionando los factores anteriores para hacer la definición, pero sin que exista una definición que se ocupe particularmente.

Si nos vamos a las definiciones de literatura de “emprendimiento” y “tecnología” terminamos más o menos en lo mismo, especialmente considerando que el concepto de tecnología es más bien amplio (incluso ciertos académicos consideran sistemas políticos como tecnología, por lo que la definición termina por no ser muy útil para nuestros fines).

¿De qué nos sirve saber todo esto?

Muchas veces cuando tratamos de armar un grupo de emprendedores con los que nos identificamos solemos dejar la definición un tanto en la nebulosa (podríamos ocupar este mismo ejercicio para que es exactamente un bioemprendedor), y creo que podríamos acordar en que más que en llegar a unas definiciones exactas lo importante es que podamos sentirnos similares a otros emprendedores que tienen desafíos y problemas como los nuestros, y que entre todos podamos trabajar para resolverlos.