Este tema en realidad es bastante transversal para todos los tipos de emprendedores, aunque precisamente por eso es algo que vale la pena que uno entienda siendo bioemprendedor. La verdad mucho de lo escrito en adelante viene de la dolorosa experiencia, pero trataré de explicarme lo suficiente como para que ustedes entiendan que esto no es sencillamente la súplica de un neurótico ahogándose en un vaso de agua, si no una invitación a que empecemos a hablar sobre un tema que no pone a nadie particularmente cómodo, precisamente porque compartiendo podemos ir mejorando nuestro día a día.

Cuando comencé a emprender al igual que muchos otros me metí de lleno en el desarrollo de la tecnología, para luego darme cuenta que tenía que acercarme más al mercado si realmente pensaba en convertir mi emprendimiento en un negocio; es una progresión bastante conocida entre los emprendedores, a veces te centras demasiado en pulir la propuesta sin consultarlo con potenciales clientes y el proyecto termina por marchitarse; pasa a veces, luego la idea es aprender del error y volver a intentarlo. Sin embargo, entre las muchas lecciones que le enseñan a uno como emprendedor hay una que no es muy compartida, el cómo cuidar de uno mismo ante el estrés, ansiedad o frustración que puede significar echar algo adelante.

En mi caso en particular fue una lección aprendida por las malas, de una manera lo suficientemente paulatina como para no preocuparme hasta que llegó un día donde no podía funcionar, donde el pensar en reunirme con alguien o definir algún tema hacían que entrara en pánico. Mi respuesta en aquel caso fue dejar todo de lado y volver a construirme, dar un paso al costado del emprendimiento y convertirme en el sujeto cuyo proyecto terminó por quebrarlo. Me gustaría entonces compartir lo que he aprendido durante los dos años que llevo tratándome por depresión.

Una historia con una narrativa contraproducente

Si suelen ser asiduos a las distintas páginas y blogs relacionados, ya es más o menos conocido que los emprendedores son una población en la cual trastornos tales como la depresión, el trastorno bipolar o la ansiedad son más comunes de lo que parece. Lo que suele ser común también en ese tipo de artículos o posts, es que siempre se habla del tema desde una cómoda tercera persona o bien desde una primera persona ya felizmente recuperada, por lo que a pesar de que se hable mucho de los trastornos mentales en el emprendimiento, siempre se hace invisibilizando a los emprendedores que los están viviendo.

En mi experiencia personal, teniendo grandes amigos emprendedores, es después de bastante tiempo que hemos podido admitir que la vasta mayoría de nosotros está en algún tipo de tratamiento psicológico o psiquiátrico.

El problema, y al menos una de las razones por las que creo que este tema es difícil de tratar para un emprendedor tiene que ver principalmente con el arquetipo que el emprendedor representa; uno piensa en el emprendedor como en ese tipo intrépido que siempre está dispuesto a tomar un riesgo, a luchar por una causa y que más allá de cualquier fracaso, cuando está todo dicho y hecho, siempre sale victorioso. La narrativa del emprendimiento tiene que ver con eso, con no rendirse, con mantenerse positivo y con atreverse a vivir una vida de incertidumbre que otras almas más tímidas no podrían soportar, porque para ser un emprendedor hay que ser valiente.

Está plasmado en el ecosistema, en los mensajes que transmitimos en los eventos de networking y en las notas de prensa que salen sobre emprendedores; es difícil con toda esa presión el siquiera pensar en que es saludable que un emprendedor pueda mostrar sus vulnerabilidades.

Como se parte y como se sigue

Con todo lo anterior, espero haya quedado claro lo difícil que es el admitir, incluso a uno mismo, que algo no está bien con nosotros y que hay que hacer algo al respecto. La verdad es que en una buena parte de los casos el punto de partida es algo que tu cuerpo te impone en algún momento, de maneras que suelen ser muy diversas pero que todas suelen ser similares en su intensidad.

Después, en mi opinión, lo importante es cómo uno decida afrontarlo, y como vaya haciéndose cargo de su propia salud. En cierta manera un trastorno mental puede parecerse mucho a tener alergia al polen, desde el punto de vista que el lidiar con él es un trabajo constante; que no existe una vacuna definitiva; y que aún pueden existir días malos, aunque hayas tomado todas las precauciones.

El cuidar de tu salud mental te permite ser un mejor emprendedor; el autoconocimiento muchas veces es considerado como una de las cualidades cruciales para un buen líder y es totalmente necesario para aquellos que se quieren seguir desafiando; ese proceso inicia cuando uno se atreve a intentar lidiar con sus demonios, inicia cuando empiezas a expresarlo, a compartirlo y a tomar acciones que te ayuden a conseguir las herramientas para estar mejor.

No estás sólo, no es demasiado tarde, varios hemos estado en las mismas y por eso sabemos que puedes superarlo, y que el sentirse mal a veces no tiene nada que ver con ser débil, pero tiene todo que ver con ser humano.

Si quieres contarnos sobre cómo te has sentido, aquí estamos.