Si estás metido en el mundo del bioemprendimiento significa que por asociatividad muy probablemente estás relacionado al mundo de las ciencias, de la innovación y el emprendimiento, así que me gustaría ahorrarme un poco el contexto sobre los importantes cambios que estamos viviendo dentro de esos mundos. Tampoco quisiera recalcar la particular importancia del rol del Estado en estos mundos, especialmente en un contexto Latinoamericano donde es él quien suele ser el jugador dominante (Eso lo podemos tratar más a fondo en una futura publicación).

La idea entonces de esta columna es ser una especie de primer para incursionar en este arenoso y muchas veces no muy apetecible mundo de la política, además de una perspectiva de parte de alguien que después de estudiar Ingeniería en Biotecnología se puso a estudiar un Magíster en Política Pública para poder entender un poco el panorama completo.

Política y políticas públicas

Muy seguramente habrán escuchado que alguien hace la diferencia entre “policy” (política pública) y “politics” (política); generalmente cuando hablamos de temas que atañen al bioemprendimiento varias personas tratan de ceñirse a la política pública esperando no caer en la arena política donde todos los argumentos técnicos se dejan de lado ante discusiones partidistas.

Lamentablemente para muchos, si bien existe una diferencia entre lo que es política y lo que es política pública, estas son de cierta manera indivisibles una de la otra. Si la política es la voluntad de ir a algún lugar en particular, la política pública es la ruta para llegar a dicho lugar, por lo que cuando hablamos de una política pública para fomento de la innovación siempre hay una visión política tácita manifestada.

Queda claro entonces que una vez que partimos a hablar de cómo hacemos política pública para fomentar un área en particular, como lo es el bioemprendimiento, tenemos también que preguntarnos cuál es nuestra posición política al respecto. Esta idea aunque pueda parecer un poco burda es importante porque nos ayuda a descubrir a dónde queremos llegar, además de hacernos entender que estos temas son complejos porque a veces quiere fomentar la misma área con destinos diferentes en mente.

Nuestra participación en políticas públicas

Esto quizás es una opinion personal, pero la gran mayoría de veces que sea habla de temas de política pública de emprendimiento, ciencia o innovación por parte de los exponentes relevantes a nivel nacional, siempre se hace desde la cómoda tercera persona; el ejecutor siempre está anonimizado en la forma del “gobierno”, “estado”, “autoridades” o algo similar. Queda entonces siempre la responsabilidad en un actor invisible, al cual se le suelen atribuir normalmente más las derrotas que los triunfos detrás de las políticas públicas impulsadas.

La participación de los actores en procesos de toma de decisiones de políticas públicas que les son relevantes no es solo una buena práctica por parte de los que diseñan dichas políticas, si no un deber por parte de los propios actores. Para poder influir en procesos de toma de decisiones y que estos puedan ayudar las necesidades de los bioemprendedores, uno de los pasos fundamentales es que cada bioemprendedor se internalice respecto a cómo esas políticas públicas se diseñan e implementan, además de participar en cualquier espacio que tenga donde pueda expresar su voz

El valor público y la importancia de lo que hacemos

Es una idea un poco incorrecta, pero en cierta manera cada vez que pedimos que se le dé prioridad a algún tema al hablar de política estamos implícitamente pidiendo que otro tema pierda niveles de prioridad, cada vez que pedimos un mayor financiamiento estamos reduciendo el presupuesto de otra cosa.

La idea de la gestión pública podría bien resumirse en generar “valor público”, un término que acuña todos los temas que la ciudadanía valora. Es entonces rol de las indefinibles autoridades el poder generar este valor público a través de sus labores y el rol por consiguiente del bioemprendedor el demostrar que sus actividades responden a una visión de valor público.

El bioemprendedor y el político

Existe una definición en política pública que se llama el “problema perverso” (“wicked problem”); a grandes rasgos un problema perverso es aquel que no puede resolverse de manera satisfactoria debido a que tiene requisitos incompletos o incluso contradictorios para ser resuelto. La idea principal de todo esto es que cuando nos metemos a hablar de política pública nos ponemos a interactuar con problemas que no pueden resolverse satisfactoriamente desde un enfoque puramente técnico o puramente político, donde incluso los consensos mixtos terminarán teniendo alguna externalidad negativa.

Así como en bioemprendimiento, parte de la política es tener que hacer consensos muchas veces difíciles o derechamente imposibles, tomar decisiones con poca información y tener que estar preparado a posibles fracasos que pueden ser estruendosos.

Por lo tanto, es necesario que uno como bioemprendedor pueda entender ese mundo, y ojalá pueda darse una vuelta en él para ayudar en el camino de otros bioemprendedores, así se construye un ecosistema más sólido y con el aporte de todas sus partes interesadas.

La invitación entonces está en participar, y participar de verdad, estando dispuesto a discutir, a escuchar y aprender. ¿Alguna vez te has cuestionado como ser parte de las políticas públicas de nuestro país?