Tenemos claro que los modelos macroeconómicos de la economía de un país definen muchas oportunidades y que en el caso de Chile su economía de libre mercado genera incontables oportunidades de emprendimiento, lo cual nos ha posicionado como el país mas prospero y con mayores probabilidades de alcanzar el desarrollo en el mediano plazo respecto a nuestros vecinos de Latinoamérica.

¿Es posible también pensar que un modelo económico de un país puede limitar, o de lleno eliminar, oportunidades de emprendimiento en un ecosistema tan pequeño como el de la biotecnología nacional? En esta publicación les quiero comentar una situación que me pasó en marzo de este año en Argentina y así podamos debatir respecto a él.

Durante la mitad de Marzo estuve durante dos semanas en Buenos Aires participando en el curso “CABBIO Emprendedorismo y Creación de Empresas Biotecnológicas” (Muy recomendado, hablaré del curso en otra publicación mas adelante), junto a emprendedores de Brasil, Paraguay, Uruguay, Colombia y Argentina. Una experiencia única en dónde el intercambio cultural respecto a la biotecnología es obligatorio y los emprendedores se ven en la necesidad de colaborar entre ellos para alcanzar el objetivo del curso de crear una empresa biotecnológica. Fue aquí en donde viví el aprendizaje más importante de esta experiencia.

El caso Argentina y Chile

Argentina debido a su modelo económico proteccionista y de valorizar el producto interno, permite a sus emprendedores biotecnológicos trabajar con un fuerte apoyo del estado desde la etapa temprana hasta el escalamiento y en las más diversas áreas de la ciencia, con el objetivo de crear industria aplicada sin la presión de competir con grandes monopolios. Un ejemplo claro: Argentina investiga, desarrolla y produce más del 60% de sus medicamentos. En cambio, Chile importa el 80% de sus medicamentos. Fue chocante ver que la posibilidad de negociar y venderle al estado Argentino es algo real y que es de “fácil” acceso. En Chile, ¿quién considera realmente la posibilidad de venderle al Estado Chileno como el core de su negocio?.

Si vemos el otro lado, la economía de Chile es la vigésima más abierta del mundo1. Su ingreso per capita es el más alto de la región, su proyección es superar los $30 mil USD para el año 2022 y su ecosistema de emprendimiento se posiciona en el puesto 19 del mundo2. ¿Estamos en un buen país para emprender? ¡ABSOLUTAMENTE SÍ! Ahora, ¿es conveniente emprender en todas las áreas que puede abarcar un proyecto biotecnológico? ¿Es chile un país en dónde es viable desarrollar y comercializar biomedicina u otra disciplina considerando el modelo económico que nos rige y nos ha hecho “exitosos”?

En la comparativa vemos como la factibilidad de desarrollar proyectos de biotecnología en Argentina se ve mejor, con un rol de estado activo que fomenta y apoya la ciencia y la tecnología y que también es participe de la comercialización de las tecnologías, pero que retiene la propiedad intelectual y no tiene un sistema de transferencia activo que permita retribuir el trabajo del investigador más allá del sueldo mensual que recibe. A diferencia, en Chile el fomento de la ciencia y tecnología se apunta hacia los privados y que ellos retribuyan a través de generación de capital humano avanzado, valor agregado, trabajo y tributos. (Hasta hoy, veremos que sucede con la creación del “Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación”).

El día a día

En nuestro ecosistema podemos encontrar dos clases que describen ambas caras del modelo Chileno. DART del Laboratorio de Gobierno y una vacuna contra el virus Hanta.

En el caso de DART3, está es una tecnología capaz de reconocer anomalías retinianas asociadas a la ceguera diabética permitiendo al sistema público de salud ahorrar recursos médicos en el diagnostico. Desde Mayo de 2018 se encuentra disponible en 28 servicios de salud del país y permite ahorrar el 50% de los gastos en el diagnostico. Su implementación es pionera en cuanto a la vinculación de actores privados y el sector público a través del trabajo del Laboratorio de Gobierno.

Por otro lado, se encuentra la microbióloga María Inés Barría, de la Universidad de Concepción, quién desarrolló una vacuna contra el virus Hanta4 y se encontró en una etapa que requería $1.000 millones CLP para terminar el desarrollo, recibiendo como respuesta del Ministerio de Salud lo siguiente: “en el gobierno puede haber distintas prioridades”. La pregunta es, si el gobierno no busca financiar el desarrollo, ¿quien más que el gobierno comprará una vacuna contra el Hanta sabiendo que en 2017 se dieron 31 casos de infección por Hanta?

Mi intención no es fomentar un lado de la balanza, pero sí poner en la mesa un tema que no tiene que ver con el día a día de un emprendedor como lo es el modelo económico del país en que se encuentran. Si vemos el funcionamiento de una gran compañía el modelo económico, la tasa de crecimiento, estabilidad política o si gobierna la derecha o la izquierda, son parámetros que determinan decisiones ejecutivas y nosotros deberíamos hacer lo mismo sin importar la etapa de desarrollo en que se encuentren nuestras compañías.

Un último ejemplo; La decisión de la instalación del DataCenter de Amazon en Argentina o Chile no tiene que ver con costos de implementación o qué país ofrece mejores subsidios para construir, sino que tiene que ver con qué país ofrece mayor estabilidad económica y política, capacidades de macroinfraestructura, mejor sistema tributario o modernidad del estado.

Mi opinión

Debemos ser extremadamente cautelosos respecto a qué estrategia de comercialización tomamos en nuestras empresas. Es real el hecho de que nuestro modelo macroeconómico nos abre las puertas de muchos más mercados internacionales, pero también debemos considerar qué la idea de investigar, desarrollar, validar, proteger y producir en Chile puede terminar matando el desarrollo completo. Mi visión es que somos talentosos en el desarrollo intelectual pero nos falta aún en validación y sobre todo en producción. Por tanto, el modelo de las compañías debería ser buscar la transferencia a partners que cuenten con experiencia en lo que nosotros tenemos falencias para así asegurar que los esfuerzos de años se materialicen en productos finales y no es patentes o papers destinados a dormir eternamente.

Los dejo invitados a que comenten acerca de su visión de como el modelo económico de un país afecta o no afecta a los modelos de negocios de las start-ups en biotecnología y que juntos podamos llegar a conclusiones que aporten al ecosistema y así disminuir la incertidumbre relacionada a emprender.