Nota de Bioemprendedor.cl: Seguimos con la racha de aportes de nuestros lectores. Hoy Horacio González nos envía su visión sobre un tema que ningún bioemprendedor debe olvidar nunca. Sabemos que este en un área que saca de la zona de confort, por lo que esperamos que leer una publicación en base a la experiencia sea una ayuda para todos y permita enfrentar el tema de mejor manera.

Durante casi una década de experiencia profesional relacionada con la transferencia tecnológica y los emprendimientos (a veces no tan) de base científica, he escuchado decir que no vale la pena gastar tiempo y recursos en solicitar una patente de invención.

No obstante, en determinadas situaciones, las patentes pueden convertirse en el activo más valioso que podría llegar a tener un emprendimiento en su intento por comercializar una innovación tecnológica.

¿Qué es una patente de invención?

Básicamente son instrumentos jurídicos que le entregan al inventor el derecho exclusivo para utilizar su creación de aplicación industrial. Las patentes de invención son solicitadas ante organismos estatales competentes, quienes la conceden o rechazan en base a tres criterios: novedad mundial, nivel inventivo y aplicación industrial.

De esta forma, las patentes de invención entregan un derecho monopólico a la persona natural o jurídica, dentro del territorio (país) que compete a ese Estado que otorga la patente, durante un período determinado (usualmente 20 años a partir de la fecha de solicitud, sin posibilidad de renovación). En el caso de Chile, la autoridad competente es el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (Inapi).

Aquí está, a mi juicio, la característica esencial de una patente de invención y que consiste en que la persona tiene el derecho exclusivo para impedir que terceros reproduzcan, modifiquen o comercialicen su invento sin autorización. De esa forma, la patente obtiene un valor económico y que se puede transar en el comercio.

Entonces, cuando un grupo de investigadores en biotecnología inventa un nuevo proceso que permite degradar residuos a través de organismos vivos como bacterias, o bien utiliza una enzima como tratamiento contra la diabetes (dos problemas de gran potencial comercial), pueden solicitar una patente de invención que proteja la aplicación de estas nuevas tecnologías. De esa forma se “apropian” del conocimiento generado, bajo un derecho monopólico.

¿Por qué obtener una patente de invención?

Solicitar una patente es un trámite costoso en cuanto a tiempo y recursos, por tanto debe tener un propósito estratégico. Una repuesta frente ello puede ser que necesito la patente porque entiendo que la solución que inventé apunta a un problema de mercado con alto potencial de retorno a la inversión (estrategia de monopolio comercial). Otra alternativa válida sería que la patente aumenta mi reputación profesional y quizás de la institución donde investigo e invento (estrategia de prestigio individual y corporativo). También puedo solicitar la patente en base a que deseo impedir que terceros se adelanten o apropien de mi trabajo tecnológico (estrategia de bloqueo o defensiva). Estas decisiones deben ser alimentadas y aconsejadas por una política de propiedad intelectual, acorde a los objetivos estratégicos a largo plazo de la institución o personas.

En el caso de la biotecnología, usualmente la investigación requiere un alto nivel de inversión en espacio, equipamiento, contratación de personal, adquisición de materiales, entre otras. Entonces, una forma de recuperar esa inversión es patentar los desarrollos tecnológicos alcanzados para luego comercializar la propiedad intelectual y buscar un retorno que idealmente sea superior a la inversión. De esa forma, hago crecer mi laboratorio o centro de investigación.

Comercialización de las Patentes

Las alternativas de comercialización de las patentes son esencialmente dos: licenciamiento y emprendimiento. Como el riesgo de innovar en este caso es muy alto, debido a que la tecnología no funcione adecuadamente o bien al mercado no le guste mi propuesta de valor (y en consecuencia, no estén dispuestos a pagar por ella), la primera opción es buscar un aliado que asuma este riesgo y entregarle la propiedad intelectual para realizar las primeras demostraciones en el mercado.

Como tengo un derecho exclusivo gracias a la patente, le puedo entregar ese derecho al interesado a través de un contrato de licenciamiento. Esto quiere decir que le transfiero la patente a un tercero (idealmente una empresa establecida), bajo ciertas condiciones de uso para que éste pueda obtener un resultado (principalmente comercial). Si ese resultado es positivo, como dueño o titular de la patente, puedo obtener una regalía económica.

Un caso de licenciamiento es la vacuna que previene el cáncer cervical (una enfermedad que provoca cerca de 250 mil fallecimientos anuales), desarrollada por los investigadores Ian Frase y Jian Zhou de la Universidad de Queensland (Australia). La tecnología que derivó de esta investigación fue patentada por la universidad en 1991 y luego licenciada a la farmacéutica Merck. Hoy esta solución de salud se ha distribuido en más de 200 millones de dosis, en 130 países, generando ingresos anuales sobre $ 1 mil millones de dólares. De esa enorme torta comercial, la Universidad de Queensland recibe considerables regalías, que se reinvierten en nueva investigación académica. Adicionalmente, una de las cláusulas de este licenciamiento, es distribuir la vacuna a precios más bajos y hasta de forma gratuita en países de bajos ingresos.

Casos de gran impacto como éste son escasos en el mundo académico, pero posibles gracias a las patentes. En Chile, existen esfuerzos similares como los de Alexis Kalergis en la Universidad Católica para combatir el virus sincicial respiratorio y Luis Burzio en la Fundación Ciencia y Vida en temas relacionados con el cáncer, quienes intentan realizar esta compleja tarea de transferir resultados de I+D a la sociedad y se espera que en los próximos años puedan entrar en etapas de licenciamiento y comercialización.

Emprendimientos basado en Ciencia

Sin embargo, la posibilidad de encontrar a ese interesado en comercializar mi patente es escasa, sobre todo considerando una industria, como el chilena, que no está muy interesada en innovar. Por ello, es importante entender en qué mercados fuera de Chile, mi tecnología tiene potencial. Así patento en esos países y busco interesados en licenciar para su comercialización.

El patentamiento en distintos países involucra obviamente un alto costo, que debo considerar antes de iniciar el trámite de solicitud. Ese análisis comprende, entre otras cosas, si existe real interés de mercado, potenciales licenciatarios y fortalezas de la propiedad intelectual. Así, finalmente decido si patento o no.

Por ejemplo, si en ese análisis determino que la tecnología tiene un alto potencial pero no encuentro licenciatarios interesados, puedo considerar iniciar un emprendimiento. Vale decir, creo mi propia empresa para que comercialice la propiedad intelectual que tengo a mi favor. En este caso, debo desarrollar una estrategia de investigación y desarrollo que me permita tener más de una patente, además del registro de marca (otra propiedad industrial que requiere registro). Así el emprendimiento va diseñando el producto que se lanza al mercado y que, bajo un modelo de negocios, lucha por vender.

Nuevamente, las patentes tienen un valor intrínseco, pues mi empresa tendrá el monopolio para poder comercializar la tecnología protegida. De esa forma, excluyo a competidores y, más importante aún, tengo un instrumento para atraer inversión externa. Esto es fundamental para alcanzar mejores opciones de cruzar el famoso “valle de la muerte”, por el cual pasa todo emprendimiento.

A medida que mi naciente compañía va avanzando en la demostración técnica y comercial del producto, voy captando la atención de competidores más grandes y que se interesan en mi tecnología, la cual legalmente no pueden copiar. De esa forma, el “pez más grande” me ofrece adquirir mi emprendimiento no solo por las ventas que genero hoy, sino por el potencial que ofrezco a futuro y que es posible gracias al monopolio de las patentes.

Como se puede apreciar, el patentamiento en biotecnología tiene una serie de aristas y aquí se intentó resumir los elementos que a nuestro juicio son los más importantes. De igual forma, la propiedad intelectual requiere gestión de parte del investigador de manera de convertirla efectivamente en un activo de alto valor para la comercialización.

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